Convoy fluvial de Brasil para la COP30

Ana Melo, LSA

En preparación para la COP30, diversas instituciones y movimientos sociales se unieron para organizar una poderosa manifestación denunciando los impactos nocivos de los grandes proyectos de infraestructura de transporte en la Amazonia, particularmente los puertos fluviales y el proyecto ferroviario Ferrogrão. Al mismo tiempo, buscaron promover propuestas de desarrollo que respeten a los pueblos, las culturas y los territorios de la Amazonia.

Esta movilización reunió a movimientos sociales, pueblos indígenas, comunidades ribereñas y agricultores quilombolas —descendientes de africanos anteriormente esclavizados que resistieron a la esclavitud en Brasil y que continúan preservando su identidad cultural mientras defienden sus tierras y derechos ancestrales— en un «Convoy Fluvial» que comenzó en Sinop, Mato Grosso, un centro de actividad agroindustrial. Desde allí, los participantes viajaron por tierra y río hasta Belém, concienciando sobre las violaciones causadas por estos proyectos a gran escala, al tiempo que reafirmaban la urgente necesidad de defender y proteger los territorios amazónicos.

El convoy pretendía encarnar el espíritu de una «COP30 de los Pueblos» en términos concretos. Los participantes se unieron a los líderes locales en trabajos colaborativos, marchas, la barqueata (una manifestación de barcos) y la movilización en la Zona Verde. Juntos, proclamaron con fuerza: «Nosotros somos la respuesta», al tiempo que denunciaban los proyectos que destruyen la vida y amenazan las tierras indígenas y las comunidades tradicionales.

Estas acciones recibieron una amplia visibilidad en las redes sociales, lo que ayudó a fortalecer el movimiento para la demarcación de los territorios indígenas y tradicionales y a ampliar el alcance de las denuncias de los pueblos afectados y las organizaciones de base.

El convoy también se convirtió en un espacio para exponer importantes conflictos territoriales, lo que naturalmente trajo momentos de tensión. Para muchos participantes, fue su primera experiencia en una movilización de tal envergadura. A pesar de los desafíos, la unidad, la coordinación colectiva y la fuerza espiritual de las comunidades les permitieron superar las dificultades y seguir adelante juntos.

Como compartió uno de los líderes:

«Salimos de este convoy más fuertes y decididos a seguir luchando por nuestro territorio. Queremos ser reconocidos como un área de vida y de respeto a la dignidad».

El mensaje sigue siendo claro: la demarcación de los territorios es urgente para hacer frente a la crisis climática. La minería, los proyectos agroindustriales a gran escala y la deforestación en tierras indígenas amenazan no solo la cultura y la vida de los pueblos indígenas, sino también el futuro del propio planeta.

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