Reflexiones de la CSocD64 sobre la pobreza y los cuidados

Deysi Martinez, LSA

Participar en dos sesiones del 64.º período de sesiones de la Comisión de Desarrollo Social (CSocD64) en las Naciones Unidas fue una experiencia significativa y enriquecedora. Tuve la oportunidad de escuchar a muchos líderes describir las medidas y prácticas que se están implementando en sus respectivos países para erradicar la pobreza y defender la dignidad de las personas desfavorecidas y vulnerables dentro de sistemas socioeconómicos que a menudo son excluyentes.

Una de mis impresiones más fuertes fue darme cuenta de que, si bien la riqueza de las culturas difiere enormemente de un país a otro, el rostro de la pobreza sigue siendo sorprendentemente similar en todas partes. Este contraste puso de relieve tanto la diversidad de la experiencia humana como la responsabilidad compartida que tenemos a la hora de abordar la injusticia sistémica.

La participación de los ponentes fue verdaderamente admirable. Aportaron una mezcla dinámica de perspectivas y experiencias que enriquecieron a todos los presentes. Sus presentaciones ofrecieron valiosas ideas y ejemplos prácticos de cómo las comunidades y los gobiernos están trabajando en pro de una mayor inclusión social y justicia.

Me conmovió especialmente el énfasis puesto en el valor de los cuidados, tanto para quienes los reciben como para quienes los prestan. El cuidado se presentó no simplemente como un servicio, sino como un pilar esencial para construir una economía basada en la solidaridad. También se destacó el importante papel de las mujeres, especialmente como beneficiarias y contribuyentes clave al bienestar de las familias, las comunidades y la sociedad. Invertir en programas de cuidados y crear empleos dignos en este sector es esencial si queremos construir un futuro más equitativo y justo para todos.

También me llevé un aprecio más profundo por el papel de las Naciones Unidas y la tremenda labor que llevan a cabo, junto con la sociedad civil y otras organizaciones, para fortalecer los procesos a nivel regional, nacional y mundial. Este trabajo exige un compromiso y una colaboración constantes para cerrar la brecha entre la pobreza deshumanizadora y la visión de un mundo más accesible, participativo, equitativo e inclusivo.

Aún queda mucho por hacer. El progreso suele ir acompañado de retrocesos derivados de las guerras, la inestabilidad económica y otros desafíos globales. Sin embargo, sigo convencida de que la verdadera transformación comienza con nuestras pequeñas acciones cotidianas. Estas acciones nos permiten avanzar como comunidad y ayudan a superar la pobreza sistémica.

Un mundo nuevo es posible si cada uno de nosotros asume la responsabilidad de ayudar a transformarlo.

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