La esperanza en las relaciones internacionales

Giulio Albanese, MCCJ

Una voz profética en un mundo fragmentado

En un momento histórico marcado por el retorno de la política de poder, la reducción de la ayuda al desarrollo y la creciente fragmentación del orden internacional, la declaración conjunta de los obispos de Estados Unidos y África, Hermanos y hermanas en la esperanza: asistencia internacional y solidaridad mutua entre los obispos y fieles de Estados Unidos y África, destaca como un texto profético. Publicado el 2 de febrero, el documento se dirige no solo al mundo católico, sino también al debate global más amplio sobre cooperación, seguridad y justicia internacional.

La declaración surgió en un contexto en el que Estados Unidos ha reducido significativamente los programas de asistencia exterior, mientras que África se ha convertido en un espacio geopolítico cada vez más disputado entre grandes potencias como China, Rusia y Estados Unidos, así como potencias medias, incluidos antiguos estados coloniales europeos, Turquía y los países del Golfo. En este complejo panorama, los obispos ofrecen una visión alternativa de la globalización, arraigada en la fraternidad, la solidaridad y la auténtica colaboración entre el Norte y el Sur Global.

La esperanza como categoría política y moral

La referencia al Jubileo de 2025 y su tema de la esperanza es mucho más que simbólica. La esperanza se presenta como una categoría histórica y política capaz de orientar las decisiones públicas y las relaciones internacionales. En el centro de esta visión se encuentra el principio del desarrollo humano integral, que se convierte en el criterio clave para evaluar las políticas económicas, comerciales y medioambientales.

Los obispos afirman claramente que la cooperación internacional no es opcional ni un acto de filantropía. Más bien, es tanto un imperativo moral como una inversión estratégica en la paz y la seguridad globales. Esto desafía la creciente narrativa política de que la ayuda al desarrollo es prescindible durante las crisis económicas. El texto sugiere que una retirada de Estados Unidos de la cooperación global crearía no solo consecuencias humanitarias, sino también inestabilidad estratégica, dejando espacio para actores menos comprometidos con los derechos humanos y la gobernanza democrática.

Solidaridad más allá de la caridad

Partiendo de la Doctrina Social de la Iglesia, la declaración revisa los principios de solidaridad y subsidiariedad en un contexto global. La solidaridad se entiende como el compartir concreto de recursos, conocimientos y dones espirituales entre pueblos e Iglesias. La subsidiariedad se expresa fortaleciendo las comunidades locales y las instituciones africanas, evitando la dependencia y el paternalismo.

Los obispos también critican el extractivismo y la explotación, pidiendo el fin de los patrones neocoloniales y la creación de asociaciones justas y mutuamente beneficiosas. Esta perspectiva desafía los modelos tradicionales de donante-receptor y propone la reciprocidad como fundamento de la cooperación internacional.

Juventud, migración y desarrollo local

Particularmente significativa es la atención prestada a la juventud africana y el emprendimiento. África se describe como un laboratorio demográfico y económico con un enorme potencial. Su población joven representa tanto una oportunidad estratégica para la economía global como un desafío para el empleo, la migración y la estabilidad social.

Invertir en el desarrollo local, sugieren los obispos, es una de las formas más sostenibles de abordar la migración forzada y sus causas estructurales. Esto desplaza las discusiones sobre migración del control fronterizo hacia la justicia, la dignidad y la oportunidad.

Justicia climática y cadenas de suministro éticas

La sección sobre justicia climática destaca cómo los países africanos, a pesar de contribuir menos a las emisiones globales, sufren desproporcionadamente el cambio climático a través de la desertificación, la inseguridad alimentaria, la pérdida de biodiversidad y los conflictos relacionados con los recursos. La protección ambiental se presenta, por tanto, no solo como un deber moral, sino también como una necesidad estratégica para la paz y la justicia globales.

Igualmente contundente es la discusión sobre minerales críticos como el litio, el cobalto y los elementos de tierras raras, recursos esenciales para la transición digital y energética global. Los obispos denuncian el trabajo infantil, las violaciones de derechos humanos, los conflictos armados y la inestabilidad vinculados a la extracción de estos minerales.

Exponen una de las grandes contradicciones de la llamada transición verde: el progreso tecnológico a menudo depende de cadenas de suministro explotadoras y opacas. Su llamado a un abastecimiento ético, la responsabilidad corporativa y el comercio justo entra directamente en uno de los debates geopolíticos más urgentes de hoy.

La Iglesia como constructora de paz

La declaración también reconoce a la Iglesia como un actor humanitario y de desarrollo clave, especialmente en contextos frágiles donde las instituciones estatales son débiles o están ausentes. Esto otorga relevancia política a la dimensión religiosa en la gobernanza local y la construcción de paz.

Los obispos africanos se presentan como mediadores y testigos proféticos en situaciones de conflicto, terrorismo e inestabilidad política. Su trabajo demuestra cómo las comunidades de fe pueden contribuir significativamente a los procesos de paz y la transformación social.

Una visión policéntrica de la Iglesia

Un aspecto particularmente renovador del documento es su reconocimiento de la diáspora africana en Estados Unidos como una fuerza activa de intercambio cultural y espiritual. África ya no se ve meramente como receptora de ayuda, sino como fuente de teología, espiritualidad y liderazgo eclesial.

Esto refleja una visión verdaderamente policéntrica del catolicismo global, donde la misión ya no es unidireccional, sino mutua y enriquecedora para todos.

Un horizonte estratégico para VIVAT International

En conjunto, la declaración se sitúa en la intersección de la Doctrina Social de la Iglesia y la vida pública internacional. Defiende el multilateralismo en una era de renovada competencia bilateral, destaca la dimensión ética de las transiciones climáticas y tecnológicas, y propone una visión de la globalización que no está impulsada únicamente por los mercados, sino por la dignidad humana compartida.

Para VIVAT International, comprometida con la incidencia en las Naciones Unidas y otros espacios multilaterales, este documento ofrece tanto un mandato como un horizonte estratégico. Su énfasis en el desarrollo humano integral, las cadenas de suministro éticas, la justicia climática, la construcción de paz y el fortalecimiento de las comunidades locales se alinea estrechamente con la misión de VIVAT de amplificar las voces de los más vulnerables e influir en las estructuras de gobernanza global.

La esperanza como responsabilidad pública

La declaración nos recuerda que la solidaridad no es caridad, sino responsabilidad compartida en un mundo interdependiente. Fortalece la legitimidad de la incidencia basada en la fe y afirma un modelo de compromiso que está espiritualmente fundamentado y geopolíticamente consciente: el espacio mismo donde VIVAT International continúa sirviendo.

En este sentido, Hermanos y hermanas en la esperanza es profético no porque prediga el futuro, sino porque se atreve a imaginar uno diferente: un mundo donde la esperanza no es un sentimiento privado sino una responsabilidad pública, y donde la fraternidad se convierte en un criterio concreto para repensar las relaciones internacionales en el siglo XXI.

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